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16 de diciembre de 2022

Ansiedad Mundial: cómo esperar el partido del domingo y no desesperar en el intento

Nos sudan las manos. Nos cuesta dormir. Repetimos compulsivamente cábalas. Soñamos despiertos con ganar la tercera Copa. La ansiedad nos empuja hacia la final con Francia y la procesión va por dentro. “Podemos hacer más disfrutable la espera reivindicando cada momento donde el sentimiento se palpite a flor de piel”, sugiere el psicoanalista Franco Rodelli.

Por Daniel Giarone 16-12-2022 | 11:13

Un pais esperanzado.... y angustiado. Ilustración de Osvaldo Révora.

La inquietud, casi una embriaguez, va tomando el cuerpo con el paso de las horas. Los días, más lentos, confunden el sueño con la vigilia. Se sueña despierto, se duerme (¿se duerme?) en cada desvelo. Felices, ansiosos, exultantes, temerosos, relajados, tensos, quizás irritables. La espera se hace insoportable. Argentina juega el domingo con Francia la final de la Copa del Mundo Qatar 2022.

“Nos ponemos ansiosos porque nos preparamos psíquicamente para vivir un momento de estrés. Sabemos que durante los 90 o 120 minutos que dure el partido del domingo vamos a sentir muchas emociones, como nos viene pasando. Ni hablar si la definición se estira hasta los penales”, asegura el psicoanalista Franco Rodelli consultado por Télam.

La ansiedad con que vivimos la previa de la final es proporcional a la espera. “Tengamos en cuenta que el Mundial se vive una vez cada cuatro años y jugar la final de la Copa del Mundo es una situación extraordinaria. Hubo generaciones, como la del ‘86, que quedaron marcadas por ver a Maradona y Argentina campeón. Lo que pase el domingo va a quedar grabado en la historia”, suma el experto.

“Nos ponemos ansiosos porque nos preparamos psíquicamente para vivir un momento de estrés”Franco Rodelli, psicoanalista
.

(Foto: Raúl Ferrari)

Pasaron algo más de 36 años desde aquella tarde en el estadio Azteca, cuando Diego Maradona llevó los brazos al cielo con la última Copa; pasaron 3077 días desde que perdimos con Alemania la final en Brasil, después de errar goles imposibles; pasaron 23 días desde que Arabia Saudita echó un balde agua helada que corrió de Ushuaia a La Quiaca, en el debut de un Mundial con el que soñamos antes de empezar; pasaron menos de 72 horas desde que el país todito se convirtió en un arco iris de banderas, cantos y calles desbordadas con el 3 a 0 a Croacia.   

Para muchos hinchas pasó una vida. Para otros, está a punto de ocurrir lo que aún no sucedió. Para los sub-35, por ejemplo, que nunca gritaron Argentina Campeón. Para los incrédulos, para los que todavía sacuden la cabeza ante ese altar imaginario donde el pibe de Villa Fiorito, el de los Cebollitas, le entrega a Lionel Messi la bandera de la victoria; un trapo hecho jirones por el talento y la magia, por la pasión y la rebeldía.

Tumbas de la gloria


(Foto: Raúl Ferrari)

La gloria puede no formar parte del éxito. Aunque desde el estrado televisivo muchas veces se confunda a una con el otro. “Vivimos en una sociedad donde el éxito se asocia al resultado y eso es muy injusto. Sobre todo porque esa manera de ver las cosas suele ser bastante binaria. Claro que si perdemos la final nos vamos a angustiar, pero creo que estaría lejos de ser un fracaso”, aclara Rodelli, formado en la Universidad Nacional de Rosario, donde se respira fútbol.

No aguantamos más porque ahora sentimos que "el fulbo" es un juego colectivo de verdad, hecho por esos pibitos que se matan en cada pelota, hecho de alguna manera por todos nosotros (un nosotros ficcional, pero el único posible), con la insolencia celeste y blanca que leímos en los libros de historia, con la poesía de la pelota que emociona mucho más que la aritmética de las estadísticas.

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“Esta Selección –reflexiona el especialista- ha logrado generar la grata sensación de sentirnos representados como argentinos. Algo que no es sencillo. Hemos visto en ella emociones y muestras de carácter que retratan nuestra idiosincrasia, donde nos sentimos identificados como sociedad”.

Identidad que no es abstracta sino que se construye sobre valores y conductas habitadas por la épica y la aptitud para enfrentar situaciones adversas. “Comenzar perdiendo el primer partido de la fase de grupos y llegar a la final ganando holgadamente; sacar adelante el partido con Países Bajos después de haber recibido el cachetazo del empate en tiempo cumplido; el enojo de Messi coronado con el Topo Gigio a lo Riquelme. Muestras de resiliencia donde la Selección pudo sobreponerse a momentos difíciles”, sugiere Rodelli.

Y agrega: “Los argentinos nos sentimos representados. Cuántas veces en nuestra historia tuvimos que levantarnos de los golpes y volver a empezar. Como dijo la periodista de la TV Pública Sofi Martínez, el éxito de esta Selección es haber atravesado el corazón de todos. Eso nadie lo puede robar, ni siquiera Francia. Lo que se juega el domingo es la gloria, no el éxito”.

Se duela lo que importa


(Foto: Ramiro Gómez)

Por todo eso también no aguantamos más. Y nos sudan las manos. Y nos cuesta dormir. Y no vemos la hora de que llegue el domingo, aunque sepamos que al tiempo es mejor no apurarlo. No aguantamos más sin importar que ese día quedaremos cara a cara con la incertidumbre del resultado, con el abismo que provoca la posibilidad de la derrota, pero también del triunfo; con el duelo de perder para siempre el Mundial que nos hizo felices, aún entre las infelicidades que pueblan la biografía de cada quien, las ilusiones de cada cual.

“Constantemente en nuestra vida perdemos cosas. Sin embargo, por lo único que atravesamos un proceso de duelo es por aquello que tiene importancia para nosotros. A nivel social, vivimos cada mundial de manera muy intensa y nos acostumbramos por un periodo corto de tiempo a que forme parte de nuestra cotidianeidad”, subraya Rodelli, quien integra el colectivo Ni un pibe menos por la droga.

“Muchos creen que atravesar un duelo tiene que ver con el olvido, pero se trata de hacer todo lo contrario: recordar”Franco Rodelli
.

Los hinchas argentinos querrán celebrar el domingo un comienzo (el de un reinado, una era) que paradójicamente estará marcado por el final. “Cuando termine el Mundial vamos a sentir su falta y vamos a tener que acomodarnos a una realidad distinta. Muchos creen que atravesar un duelo tiene que ver con el olvido, pero se trata de hacer todo lo contrario: recordar”, dice el analista.

Es que “en el primer momento de un duelo, lo que se perdió sigue estando presente en la psiquis, y necesitamos desapegarnos progresivamente de ello para adaptarnos a la nueva realidad”.

“Podremos ver -suma- el seguimiento de la Selección días después de la final, escuchar declaraciones, revivir los momentos más importantes del torneo, ver los partidos de nuevo en alguna ocasión, incluso compartir otra vez anécdotas, hasta que nuestro interés vuelva a enfocarse completamente en otras actividades u ocupaciones”.

Ansiedad, de tenerte en mis brazos


(Foto: Emilio Rapetti)

Estamos nerviosos, ansiosos, precipitados.

Repetimos cábalas sin ton ni son

: la remera de los Stones (sin lavar desde el partido con México) que amanece con nosotros el día del partido; el centro del sillón, entre la abuela y el gato, con la pierna derecha sobre la rodilla izquierda cada vez que atacan ellos; tres vueltas manzana, por la vereda del sol-al rayo del sol, media hora antes de “cada final”. Es cierto: no aguantamos más. Pero, ¿qué hacer?

Rodelli se anima a explorar una respuesta: “Creo que depende de lo que se ponga en juego para cada uno en la final. Cuando miramos un partido de la Selección

no vemos once tipos corriendo una pelota

. Es mucho más complejo que eso”.

Para el psicoanalista Rodelli la creatividad y el humor ayudan a transitar la espera.
“El psicoanálisis trabaja caso por caso, no hay una receta para tratar la ansiedad o la depresión porque entendemos que cada sentir está atravesado por las marcas de la historia de cada persona. Es distinto el nivel de nerviosismo que pueda manejar alguien que siente el fútbol desde chico como el canal de conexión más estrecho con su padre -por ejemplo- que otra persona que espera el partido pero nunca antes le dio importancia”, detalla.

Sin embargo, la historia personal se desarrolla en un contexto cultural específico que la atraviesa y, de algún modo, la altera. “Como argentinos contamos con una gran herramienta, que es el humor. Somos muy creativos y eso nos ayuda a transitar estos momentos de esperas incómodas”, considera el experto.

Una razón más para pensar que, además de sufrir, debería haber espacio para el goce. Para Rodelli “podemos hacer más disfrutable la espera del partido reivindicando cada momento donde el sentimiento de ser argentino se palpita más a flor de piel, en cada reunión, en cada evento donde se corean los cantitos de cancha, por ejemplo”.

(Foto Pepe Mateos)

“Pero sobre todo, siendo conscientes de que el momento que estamos viviendo se va a terminar, que después del domingo vamos a extrañar tener un partido más por delante. Esa es la paradoja de la muerte, darle sentido a la vida”, concluye el psicoanalista.

La cuenta regresiva está en marcha. Se siente en la calle, lo vivimos en el cuerpo. Vemos la pelota por todos lados, reincidimos en las cábalas como en un mantra sanador, repasamos estadísticas, coincidencias, posibilidades más o menos descabelladas. Pero nada parece alcanzar. Lo único que queremos es soñar. Y no despertar jamás. 

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