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14 de diciembre de 2020

Cuando la política oye a las feministas

¿Qué pasó en estos dos años? La media sanción del proyecto IVE en Diputados era cantada, lejos de la tensión de 2018. Las respuestas son varias. Pero hubo una que se repitió en los discursos políticos: la incidencia de la pedagogía feminista sobre la necesidad de esta ley fue clave para dar vuelta muchos votos antiderechos.

Por Tali Goldman



Querido viejo:

Nunca pensé escribir estas líneas y menos publicarlas. Pero ambos somos ya personas públicas, con responsabilidades institucionales que nos trascienden y con el poder que nos dieron los votos para aprobar leyes que cambien la vida de la gente. Vos en el Congreso y yo en la Legislatura de la Ciudad. El debate del que vas a participar esta semana será histórico.

El que escribe estas líneas es el legislador porteño Juan Manuel Valdés; se dirige al diputado Eduardo Valdés. El que escribe estas líneas es Juan Manuel, un hijo, a Eduardo, su padre. ¿Es una carta pública o es el más privado de los ruegos?

Sé que cuando decís que no pudiste “deconstruirte”, lo hacés con la honestidad que te caracteriza. Que para tu generación hay debates en los que te sentís ajeno. Pero quiero que sepas que la discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo no es sobre generaciones o modas. Ni siquiera es una discusión sobre tus convicciones personales, es sobre la Justicia Social.

La carta fue publicada el 9 de diciembre a las 19:24 a solo dieciséis horas de que Eduardo Valdés se sentara en su banca de la Cámara Baja. Se sabe, no es ninguna incógnita: el diputado está en contra de legalizar el aborto. Antes de ser electo en la boleta por el Frente de Todos, había sido designado por Cristina Fernández de Kirchner como embajador en el Vaticano y es público su vínculo con el Papa Francisco.

Eduardo Valdés tiene 63 años; su hijo, el legislador porteño Juan Manuel, tiene 33.

Nadie va a obligarte a que apoyes el aborto. Nadie siquiera debe sentir agrado con esa situación traumática. Mucho menos será obligatorio que las personas que no lo deseen interrumpan su gestación. Pero sí se trata de acompañar, de dignificar la vida de quienes por diversas razones las llevan a tener que asumir esa decisión.

***
A nadie le importó que la noche del 13 de junio de 2018 fuera helada, que lloviera a cántaros. Tampoco importó dormir en la vereda, bajo el techito de algún local de la calle Yrigoyen, Rivadavia. Aquella mañana del 14, a casi 24 horas de comenzada la sesión en Diputados, la marea verde, las cientos de miles de mujeres, pibas, viejas, travas y lesbianas miraban fijo las pantallas gigantes que rodeaban el Congreso. Nerviosas, excitadas, efervescentes. Y fueron ellas, y su persistencia, lo que torció el sentido de la votación que terminó con 129 votos a favor, cuatro más de los 125 en contra. Victoria ajustadísima pero victoria al fin.

Dos años después, tampoco importaron los 35 grados. Pero sí importó la pandemia y sí importó la certeza de que las cosas adentro del recinto eran muy diferentes. La calle del glitter, el barbijo y el alcohol en gel no fue la misma. El nerviosismo se transformó en confianza; la excitación, en madurez; la efervescencia, en crecimiento. Los movimientos feministas se fortalecieron, dieron un salto cualitativo y eso se percibió. A las 7:25 de la mañana del 11 de diciembre del 2020, a más de 20 horas de debate, una holgada mayoría le dio media sanción al aborto legal.

La pregunta que flota en el aire entonces es: ¿qué pasó en estos dos años? Las respuestas son muchas, los análisis son multicausales, heterogéneos, las explicaciones atraviesan diversos ejes. La nueva conformación de la Cámara de Diputados llevó agua para ambos molinos. Que haya sido el Presidente quien enviara un proyecto -y propio- al Congreso y definiera la fecha del debate también hizo que el famoso “poroteo” se actualizara de manera frenética en planillas de excell. Y muchas de esas incertidumbres e indefiniciones se saldaron recién al momento de los discursos y de la votación.

“Yo me planteaba por qué tenía que acompañar esta iniciativa. Hace dos años lo hubiese pensado o no hubiese estado convencido. Pero hoy creo que hay una convicción porque hay una comprensión histórica. El movimiento feminista en la Argentina ha sido protagonista y ha llevado adelante un montón de luchas y reivindicaciones. Eso acompaño hoy.” Así terminó su exposición el neuquino Carlos Vivero, del Frente de Todos.

Las palabras de Vivero no fueron las únicas: la organización colectiva de los feminismos y su pedagogía sobre el derecho a esta ley fue el argumento que muchos diputados y diputadas indicaron como determinante para su voto.

“Siempre estuve en favor de la vida y voy a seguir estando por convicciones personales. Pero hoy tengo la obligación de tener una mirada totalmente distinta, de tener la posibilidad como legislador, de poder tratar y resolver esos enormes problemas que existen en un sector de la sociedad hace muchísimo tiempo”. El que habla es el tucumano Mario Leito, diputado por el Frente de Todos. No lo dijo pero lo dio a entender: si hubiese estado sentado en esa misma banca dos años antes, seguramente habría votado en contra. “Nos podríamos preguntar por qué llegamos a esta instancia. La verdad, es necesario que marquemos con muchísima claridad que hay un sector organizado de mujeres que hace muchísimo tiempo viene pidiendo respuesta y solución a su problema”, remató.

Ciento sesenta y cuatro diputados y diputadas hicieron uso de la palabra. En sus cinco minutos correspondientes vertieron argumentos predecibles, de ambos colores del pañuelo. Quienes se sabía que estaban abiertamente a favor, hablaron de “ampliación de derechos”, de “libertades”, de “salud pública”, del “goce”, de “militancia y lucha” y de que “el tiempo es ahora”. Quienes lucían con orgullo e hidalguía su pañuelo celeste hablaron de “las dos vidas”, de “embriones y espermatozoides”, “del niño por nacer”, de la “vida desde la concepción”, de “genocidio” de que “hay otras prioridades antes del aborto”.

Pero se volvía hipnotizante, como en una partida de ajedrez, tratar de descifrar cuál sería la jugada de quienes no tenían ni un pañuelo verde, ni uno celeste sobre sus bancas.

“En mi primer año como legisladora hasta hoy he reflexionado, he analizado. Y no se trata de lo que yo piense sino de lo que está sucediendo afuera.” La diputada misionera Flavia Morales del Frente para la Concordia estuvo sentada en esa misma banca dos años atrás. Y votó en contra. “Estas prácticas clandestinas siguieron sucediendo. Eso ha hecho que reflexione en profundidad. No sobre mi posición personal sino sobre lo que uno escucha en el territorio.”

Lo personal es político. La diputada Adriana Cáceres se habrá cansado de escuchar la consigna. Pero la volvió propia en los últimos dos años. Lo contó anoche en el recinto y para las más de 30 mil personas que seguimos la transmisión por YouTube.

“Señor Presidente, tuve que atravesar por problemas de salud y vivir experiencias que me hicieron ver la verdadera situación de desigualdad en la que nos encontramos las mujeres. A partir de ese camino tomé conciencia de género. Y señor presidente, sabe que este camino que estoy transitando de deconstrucción no pudo haber sido posible sin el acompañamiento de muchas mujeres de distintos ámbitos políticos.”

Adriana Cáceres representa al Pro por la Provincia de Buenos Aires. Asumió el mandato el 10 de diciembre en reemplazo del actual intendente de Mar del Plata, Guillermo Montenegro. Cáceres reconoce, antes de que se le acabe el tiempo, que transita los primeros meses de un embarazo. Y que le costó. Tanto, que antes tuvo varios abortos espontáneos. Y fue ahí cuando sintió en carne propia esa consigna que escuchaba por televisión en 2018: lo personal es político. Como Leito tampoco lo dijo pero dio entender que sin esa experiencia pero sobre todo sin el acompañamiento de María Luisa Storani y Silvia Lospennato hubiera votado en contra. Según sus propias palabras, ellas la ayudaron a “transitar este camino” para ver la vida “desde otra perspectiva”.

“A mi me costó mucho tomar esta decisión”, empezó la diputada santafesina por el Frente de Todos, Alejandra Obeid, al filo de la medianoche. No estuvo en 2018 siguiendo el debate en el recinto, pero si hubiera tenido que comprar uno de los dos pañuelos en aquella época hubiera sido el celeste. “Quiero agradecerles a mis compañeras, a mis amigas, a las militantes de mi partido que realmente me acompañaron y me dieron la solidez que tenía que tener para este momento. Yo soy una mujer que practica la fe católica, que ha iniciado un proceso de deconstrucción que continúa día a día, que derriba prejuicios, que derriba mandatos y que por medio de lecturas, de discusiones, de charlas, de sentadas a tomar mates y de enojos, me puso en el abismo de mis propios pensamientos y dogmas”.

***

Para Juan Manuel, el hijo de Eduardo, escribir y publicar esta carta fue muy “movilizante”. Para Eduardo, el padre de Juan Manuel, también lo fue recibirla y leerla.

Recuerdo cómo en medio de la cuarentena más estricta me reprochaste en televisión que anduviera recorriendo los barrios. Dijiste que me ponía en riesgo. Aunque me enojó escucharlo, sé que lo hiciste por el amor que me tenés. Desde ese mismo amor te pido que pienses bien el voto que vas a emitir. Votando a favor vas a permitir que esto deje de ser tabú la sociedad sea un poco más justa mientras vos mantenés en pie todas tus convicciones. Pensá en lo que diría esa hija que siempre me dijiste que querías tener. O en tus posibles nietas. Ellas te pedirían que así lo hagas.

Después de intensos debates familiares en privado durante los últimos años, fue este el jaque mate público que intentó Juan Manuel, el legislador, el hijo. No alcanzó.

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